Ruedas de 32”: una oportunidad industrial, con impacto incierto
La apertura de la UCI a las ruedas de 32” reactiva el debate sobre nuevos estándares en el MTB. La industria ve una posible oportunidad, pero su impacto comercial dista mucho de estar garantizado.
La apertura reglamentaria de la Unión Ciclista Internacional (UCI) a las ruedas de 32 pulgadas en competición de mountain bike ha devuelto el debate al primer plano del sector. No hay una norma cerrada, pero sí una decisión clara: no habrá, por ahora, un límite máximo de diámetro de rueda en el MTB competitivo.
A partir de ahí, el sector vuelve a preguntarse si estamos ante el inicio de un nuevo ciclo… o ante un episodio más de innovación con recorrido limitado. Cada vez que el MTB ha cambiado de estándar de rueda, el mercado ha reaccionado con intensidad. No obstante el contexto actual es muy distinto y no está claro qué oportunidades reales puede generar el 32” para la industria y el canal.
Qué ha cambiado ahora (y qué no)
El principal hecho nuevo es de carácter reglamentario. La UCI considera el MTB un “laboratorio” tecnológico y, en coherencia con esa visión, no va a prohibir el uso de ruedas de 32” en competición internacional. No se trata de una homologación activa, sino de una ausencia de veto. Un matiz importante que también introduce incertidumbre: la evolución se observará y, si aparecen problemas de seguridad, equidad o control deportivo, el marco podría revisarse.
En paralelo, ya existen prototipos funcionales en el circuito de XC de alto nivel y un interés creciente por parte de algunas marcas en explorar el formato. Suficiente para dar rienda suelte a expectativas relato, aun cuando no se trate de una tendencia consolidada.
Un MTB distinto al de otras transiciones
Trasladar directamenre a las ruedas de 32” las lecciones del pasado, entrña sus riesgos. El salto de 26” a 29”, o la irrupción posterior del 27,5”, se produjeron en un MTB expansivo, con un papel central dentro del mercado de la bicicleta. Hoy, ese escenario ha cambiado.
El MTB se ha “adelgazado” en términos relativos. Por un lado, el gravel ha captado a una parte del usuario deportivo que antes encontraba en el MTB su espacio natural. Por otro, las e-bikes han creado un ecosistema propio, con dinámicas, precios y motivaciones diferentes.
El resultado es un MTB más segmentado, más especializado y con menos masa crítica para absorber grandes cambios de estándar sin fricciones, de modo que cualquier innovación estructural ya no impacta sobre “todo el MTB”, sino sobre nichos muy concretos.
La competición empuja, pero no arrastra al mercado
La legalización de facto de las 32” en competición ha alimentado la expectativa de que el alto nivel vuelva a marcar el camino del mercado. Sin embargo, la competición de élite representa una parte muy reducida del volumen total de bicicletas vendidas, incluso dentro del MTB.
Es cierto que el XC de Copa del Mundo funciona como escaparate tecnológico y que el consumidor aspiracional observa con atención lo que usan los profesionales. Pero entre la visibilidad y la adopción masiva hay un largo recorrido, especialmente cuando el producto exige compromisos claros en términos de talla, manejo y compatibilidad.
Incluso el debate técnico en el paddock internacional apunta a una realidad nada homogénea: la ventaja potencial de las 32” no es universal, depende del circuito, del estilo de conducción y, sobre todo, de las características físicas del corredor.
Condiciones físicas y límites de uso
Este es uno de los puntos más relevantes. Las ruedas de 32” requieren unas condiciones físicas específicas para extraer sus beneficios: altura, potencia, capacidad de control y técnica para gestionar inercias mayores.
Eso limita de entrada el público potencial. Y cuanto más estrecho es el público objetivo, más complejo resulta justificar una transición amplia de catálogo, stock y comunicación.
Para la tienda y el distribuidor, este factor no es menor. Implica asesoramiento fino, gestión de expectativas y, en muchos casos, asumir que el producto no es “para todos”.
Dónde sí puede haber oportunidad para el sector
Sin duda existen oportunidades reales, aunque muy condicionadas:
Renovación aspiracional en XC de gama alta: la validación del 32” en competición puede activar una demanda “halo” reducida, pero de alto valor, con impacto en bicis completas y componentes clave.
Mayor valor del taller: nuevos estándares implican más servicios técnicos (personalización, ajustes, mantenimiento específico), reforzando la diferenciación de los talleres especializados.
Rotación en segunda mano: la adopción del 32” liberará 29” recientes, generando tráfico y oportunidades, aunque con riesgo de presión sobre el producto nuevo si no se gestiona bien.
Visibilidad para nichos: el 32” abre espacio a marcas pequeñas y proyectos especializados, especialmente europeos, ágiles en innovación y comunicación, sin necesidad de volumen.
Un debate abierto. Más relato, que panacea
En resumen, la aparición de las 32 pulgadas en competición no garantiza una adopción masiva. A diferencia de lo que supuso el 29”, este formato no tiene capacidad para transformar el MTB de forma transversal por sus limitaciones físicas, técnicas y de base de usuarios.
En un contexto de contención del gasto y ciclos de renovación más largos, lo más probable es una convivencia prolongada donde el 29” siga siendo la base del mercado y el 32” una opción de nicho para perfiles muy concretos.
Este nuevo diámetro no resuelve los problemas estructurales del sector más relacionados con las saturación de stock o los precios elevados y, de hecho, podría añadir complejidad a un mercado ya tensionado y con cuestionado en su sostenibilidad.
Por ahora, el escenario más razonable es el de una innovación selectiva con impacto limitado en la parte alta de la demanda; más un relato, que una panacea. El tiempo y el consumidor tendrán la última palabra.







