La e-bike redefine la estructura de costes de la bicicleta
La electrificación ha cambiado la economía de la bicicleta: en la e-bike, el sistema eléctrico concentra el valor y redefine los costes.
De la bicicleta “componentizada” al producto sistema
Durante décadas, la bicicleta muscular fue un producto esencialmente componentizado. El grupo —transmisión y frenos— actuaba como principal indicador de valor: marcaba el escalón de precio, jerarquizaba la gama y facilitaba la comparación entre modelos y marcas.
Ese esquema tenía una ventaja clara para el canal: permitía explicar el precio de forma sencilla. A mayor nivel de grupo, mayor PVP y, potencialmente, mayor margen. El resto del montaje acompañaba esa lógica.
La e-bike rompe este modelo. Ya no se comporta como un conjunto de componentes relativamente intercambiables, sino como un producto sistema, en el que una parte sustancial del valor se concentra en un núcleo tecnológico que condiciona todo lo demás.
El desplazamiento del centro de gravedad del coste
En una e-bike de gama media, el sistema de propulsión eléctrica —motor, batería y electrónica asociada— concentra hoy una parte sustancial del coste de materiales. Este peso económico no tiene equivalente en la bicicleta muscular.
Este desplazamiento implica un cambio profundo en la lógica industrial:
El coste deja de estar repartido entre múltiples proveedores para concentrarse en pocos actores tecnológicos.
La capacidad de negociación de la marca depende cada vez más del volumen y del acuerdo con el proveedor del sistema eléctrico.
El posicionamiento del producto queda condicionado desde fases muy tempranas del desarrollo, incluso antes de definir el montaje final.
Para el punto de venta, esto explica por qué dos e-bikes con grupos muy similares pueden presentar diferencias de precio significativas, sin que el motivo sea evidente a simple vista.
El cuadro: un componente que ya no juega solo
El cuadro es el segundo gran bloque de coste en una e-bike, pero su papel ha cambiado de forma sustancial. Ya no es solo una estructura portante, sino un elemento clave de integración tecnológica.
Independientemente de si es de aluminio o carbono, un cuadro de e-bike debe asumir:
la integración de la batería, a menudo no extraíble,
anclajes específicos para el motor,
refuerzos estructurales para soportar mayor peso total,
y mayores exigencias de par y fatiga.
Todo ello implica más horas de ingeniería, más iteraciones de prototipo y ensayos más exigentes. En la práctica, el coste industrial de un cuadro específico para e-bike se sitúa claramente por encima del de una bicicleta muscular equivalente, incluso cuando externamente las diferencias no son evidentes.
Para el retail, esta realidad ayuda a contextualizar por qué dos modelos con montajes similares pueden ocupar escalones de precio distintos.
El sistema eléctrico: coste inicial y dependencia a largo plazo
A diferencia del grupo, el sistema eléctrico no agota su impacto económico en el momento de la venta. Al contrario, extiende su influencia durante toda la vida útil del producto.
Desde la perspectiva del canal, la elección de un sistema implica asumir:
un ecosistema concreto de diagnóstico,
unos protocolos de garantía determinados,
una dependencia directa del proveedor para recambios clave,
y unos tiempos de respuesta que influyen en la satisfacción del cliente y en el coste interno del taller.
Por este motivo, comparar sistemas únicamente por potencia, par o autonomía resulta insuficiente. El verdadero diferencial aparece en la gestión de la posventa, un aspecto que rara vez se refleja en la ficha técnica, pero que condiciona la rentabilidad real del punto de venta.
Nuevos sistemas, misma pregunta de fondo
La entrada de nuevos sistemas de alto rendimiento ha reabierto el debate sobre el valor del motor. En términos técnicos, estas propuestas suelen generar un fuerte impacto inicial en el sector.
Sin embargo, para el retail la pregunta clave no es solo qué ofrece el sistema hoy, sino qué ofrecerá mañana:
Disponibilidad de recambios a medio plazo.
Evolución del software.
Estabilidad del proveedor.
Capacidad de absorber un parque creciente de bicicletas en circulación.
En ese terreno, el impacto real de un sistema no se mide en cifras técnicas, sino en horas de taller, rotación y fidelización del cliente.
El grupo: de eje financiero a variable de ajuste
En este nuevo escenario, el grupo pierde peso relativo como principal argumento financiero del producto. El usuario de e-bike prioriza asistencia, autonomía y fiabilidad por encima del nivel exacto del cambio, especialmente en usos urbanos y de movilidad.
Esto ha permitido a las marcas optimizar el grupo sin comprometer el valor percibido, concentrando inversión en el sistema eléctrico. La tendencia es más acusada en e-bikes urbanas y trekking que en e-MTB de alta gama, donde el grupo mantiene mayor protagonismo, aunque ya no actúa como ancla principal de precio.
La jerarquía tradicional se ha alterado.
Implicaciones estratégicas para el canal
Para el punto de venta, entender esta nueva estructura de costes resulta clave por tres motivos:
Permite explicar el precio más allá del montaje visible.
Ayuda a anticipar el impacto de la posventa en tiempo y recursos.
Facilita una lectura más precisa de la rentabilidad real de cada producto.
En la e-bike, el margen no se decide únicamente en la venta inicial. Se construye -o se erosiona- a lo largo de toda la vida útil del producto, en función del sistema que lo sostiene.








